2/17/2008

BIOGRAFÍA Y OBRAS DE JEAN PAUL SARTRE






Jean Paul Sartre, filósofo y escritor, nació en París en 1905 y murió asimismo en París en 1980. Considerado como “uno de los más brillantes pensadores de este siglo, personalidad primerísimo del movimiento existencialista. Expresó gran parte de su doctrina en obras dramáticas y novelas que han alcanzado resonancia universal”. (Publicado en Antroposmoderno).

Jean-Paul Sartre es considerado por muchos el testigo más implacable e inolvidable del siglo xx. Para Sartre la fuente de todos los valores reside en la libertad del hombre: el bien es esencialmente lo que sirve a la libertad humana y el mal lo que se opone a ella. La persona no es otra cosa que su libertad, que es la única fuente de la grandeza humana. Entonces, ya que el hombre es los proyectos que hace de su vida y las decisiones que toma sobre el sentido de su condición, la elección que hace de sí mismo es una responsabilidad ineludible, un compromiso que al mismo tiempo compromete a todos los hombres y al valor mismo de la humanidad: “No se hace lo que se quiere y, sin embargo, se es responsable de lo que se es”.

El intelectual, en estas circunstancias, no puede ser un sabio o creador inocente e irresponsable; es, por el contrario, el que asume los compromisos políticos que reclama. Lo que hace tan cercano a Sartre, y tan fascinante, es justamente esa unidad entre vida y pensamiento. Como dice Antonio Gorri Goñi: “La principal obra de Sartre es Sartre mismo y su vida no es sino su obra. Él comprendió plenamente que ni el intelectual debe aislarse de la sociedad ni la sociedad podrá explicarse sin aquél. Su experiencia filosófica es, por tanto, inseparable de su vivencia humana y quizá por ello una de las más significativas de nuestro tiempo. Su filosofía se ha encarnado en una "existencia" particular y excepcional: Sartre mismo. Su intento no ha sido otro sino crear un estatuto: "el del hombre, el de los hombres”.

Sus reflexiones se relacionaban con la angustia, el fracaso, la muerte, la nada, la soledad. Sartre se convence de que el infierno personal son los otros. Sostuvo que la existencia precede a la esencia, que el infierno son los otros y que el hombre es una pasión inútil. Su obra filosófica más importante es El Ser y la Nada.

Fue merecedor del Premio Nóbel de Literatura en 1964, el cual rechazó por razones éticas. Fue un hombre público; se comprometió intelectualmente con el mundo y la realidad de su época. Tuvo aproximaciones al partido comunista y luego se retiró tras la represión de Budapest. Fue maestro en El Havre y en París y luego se dedicó a tiempo completo al movimiento existencialista.

La Náusea, escrita en 1938, trató de representar la trágica angustia de un alma consciente de hallarse condenado a ser libre. Según sus palabras, esta pavorosa libertad significa que el hombre ante todo existe, se encuentra a sí mismo, se agita en el mundo y se define después, y por lo tanto, está condenado en cada instante de su vida a la absoluta responsabilidad de renovarse.

Las Moscas
fue publicada en 1942. También tiene numerosas obras dramáticas, basadas en hechos existenciales. De sus obras tenemos: Las Manos Sucias, El Diablo y El Buen Dios, A Puerta Cerrada. De sus novelas sobresalen: La Edad de la Razón, La Tregua, y El Muro, una colección de cuentos. Sobre su filosofía encontramos El Existencialismo es un Humanismo, La Prostituta Respetuosa, Baudelaire, ¿Qué es la Literatura?, Situaciones y Crítica de la Razón Pura Había dicho: "Durante mucho tiempo tomé la pluma como una espada; ahora conozco nuestra impotencia... La cultura no salva nada ni a nadie, no justifica. Pero es un producto del hombre, que se proyecta en ella, se reconoce"...

Con la filosofía de Sartre se produce un cierto retorno a la concepción del sujeto como centro de significaciones. Pero le da a esta teoría del sujeto una inflexión diferente.

Para hacer una introducción de su obra filosófica es necesaria distinguir distintas etapas en su producción. Una primera etapa tendrá que ver con la elaboración de una teoría de la conciencia humana, en donde se inscriben textos como: La Trascendencia del Ego, y sus ensayos: La Imaginación, Lo Imaginario y Esbozo de una Teoría Fenomenológica de las Emociones. La segunda etapa está marcada por su obra capital: El Ser y La Nada. En la última época hay un intento de establecer las bases de una antropología materialista, tomando como dirección al pensamiento marxista y su obra más importante será: La Crítica de la Razón Dialéctica.

El tema central en la obra de Sartre será el existencialismo o la realidad humana, es decir el hombre en su existencia concreta y lo llama, siguiendo a Heidegger, el hombre como ser en el mundo.

A su vez, Sartre, concibe a la existencia humana como existencia conciente. La existencia humana es un fenómeno subjetivo, en el sentido de que es conciencia del mundo y conciencia de sí; en este punto se diferencia de Heidegger, quien deja fuera de juego a la conciencia.

La otra fuente teórica que Sartre encuentra para abordar su teoría de la conciencia y que le asegura el concepto de unidad de conciencia, es la fenomenología de Husserl. La fenomenología le servirá como método para elaborar una teoría de la conciencia, que le permita comprender la existencia humana y el concepto teórico al fin es el de intencionalidad de la conciencia.

Para Husserl la estructura fundamental de la conciencia es la intencionalidad, es decir, la propiedad de todo acto de conciencia es estar referido a algo, a un objeto o al mundo entero; por lo tanto la conciencia se agota en ese estar dirigido hacia el objeto. Sartre dirá que es una fuga, es un arrancarse más allá de sí mismo hacia lo que no es ella, hacia el objeto. Por lo tanto la conciencia carece de interior.

Sartre agrega que el mundo es exterior, por esencia, a la conciencia pero a su vez la conciencia y el mundo se dan al mismo tiempo. Sin embargo se diferenciará de Husserl, en la existencia de un yo unificador de la conciencia, que proponía este último. Sartre decía: “La conciencia se unifica escapándose hacia el objeto. No es necesario este yo”.

En su libro La Trascendencia del Ego, dice Sartre: “ Cuando corro para alcanzar un tranvía, cuando miro la hora, cuando me absorbo en la contemplación de un retrato, no hay yo, hay conciencia de tranvía que debe ser alcanzado. Es decir que la unidad de la conciencia reside en el objeto hacia el cual se dirige la conciencia”.

Boschetti califica la empresa de Sartre como un "logro excepcional en la historia de la cultura francesa". En efecto, a partir de la Liberación, Sartre ejerció al menos durante quince años en todo el mundo intelectual un dominio completo que nadie pudo igualar en los años siguientes. Después de 1960, “destronado por otras modas, no obstante, no ha dejado de llamar la atención sobre él con nuevas hazañas: de La Crítica de la Razón Dialéctica Las Moscas y el premio Nobel, El Idiota de la Familia, sus Batallas Políticas… "nunca dejó de ser el intelectual francés contemporáneo más conocido”. ¿A qué se debe esta legitimidad de la que gozó Sartre durante tantos años y gracias a la cual se lo puede considerar como uno de los intelectuales más importantes del siglo XX?

La legitimidad intelectual está constituida por valores simbólicos propios de una sociedad determinada. Sartre, cuya trayectoria señala los intereses del conjunto de los intelectuales de su época, puede ser considerado como un producto perfecto de la cultura francesa, por reunir el origen social y la procedencia geográfica estadísticamente más propicias para el éxito intelectual. Las circunstancias biográficas de Sartre, sostiene Boschetti, “no son realmente circunstancias excepcionales, sino accidentes necesarios". Forman parte de las determinaciones secundarias más comúnmente asociadas a la vocación intelectual, como mediaciones específicas que tienden a producir disposiciones favorables. "Lo único que distingue el caso de Sartre es el alto grado de aptitud”.

Diversas son las razones del éxito de Sartre, siendo la más importante que él combinó de forma excepcional en su persona al filósofo y al escritor. Sartre realizaba una síntesis plena entre literatura y filosofía, después del antagonismo y la separación que hubo anteriormente entre los dos campos: “La cultura francesa después de Sartre muestra que no se trata de una mutación irreversible. Ninguno de los grandes intelectuales, candidatos después de él a representar la excelencia intelectual, ha logrado reproducir esta acumulación”. En efecto, literatura y filosofía se separarían de nuevo en lo posterior, así como cambiaron las condiciones sociales y políticas que hicieron posible el desenvolvimiento del papel de Sartre como intelectual.

Por otro lado, en Sartre se daban, al mismo tiempo, la excelencia profesoral y la consagración como escritor. La coincidencia de estas categorías diferentes de intelectuales, de estas dos maneras de entender y practicar el trabajo intelectual, el profesor y el creador, es además incomparable dentro del campo intelectual en Francia: Camus, el rival más fuerte de Sartre en literatura, era un aficionado en el terreno filosófico, mientras Merleau-Ponty, el único competidor serio en filosofía, era solo filósofo. Al lado de Merleau-Ponty, que le oponía una versión diferente del intelectual comprometido más influyente en los círculos universitarios, Sartre era visto como el representante de la "mundanización" de la filosofía. Por lo demás, la independencia que demuestra Sartre al abandonar el mundo universitario, favorece su carisma.

Sartre admite que en la reflexión, cuando la conciencia se vuelve sobre sus propios actos, por ejemplo sobre un pensamiento, apresa a un yo que es el yo del pensamiento; y que ésto ocurre porque el yo es producido por la propia actitud reflexiva de la conciencia.

De la intencionalidad de la conciencia deriva en la ontología, debido a que el ser de la conciencia indica un ser distinta a ella.

En su segunda etapa, más precisamente en El Ser y La Nada, distingue dos regiones del ser, que denomina: Ser para sí y Ser en sí apareciendo el ser del existente humano en términos de nada. La nada es el ser propio de la existencia humana como conciencia, siendo esta nada negación.

El ser para sí es el propio ser de la conciencia o subjetividad. La existencia de la conciencia es anterior a ser conocida, no tiene nada sustancial, porque solo existe en este aparecerse a sí mismo. El para sí define al hombre en su proyecto original, por sus deseos.

El ser en sí, es el ser del mundo, de los objetos, en tanto existe con independencia de la conciencia. Es el ser de la objetividad, trascendente a la conciencia. El ser en sí es el ser que es, es una totalidad y el ser para sí es el ser que no es, es una pura nada, es negatividad.

El sujeto es un para sí que nihiliza el en sí. El sujeto es deseo de ser (porque es pura nada), quiere ser algo que lo defina por su ser; por lo tanto es deseo de ser un en sí, ésto sería lograr la totalidad, es decir ser Dios, cosa que es imposible.

Simplemente nos encontramos existiendo, y entonces tenemos que decidir qué hemos de hacer con nosotros mismos. Como no hemos sido creados para hacer nada en concreto, ni para realizar ningún fin, cada hombre deberá buscarse un fin propio, válido solamente para él y realizar su proyecto particular, que tiene un valor meramente subjetivo.

Pero por el solo hecho de tener el deseo de ser, se es libre; el sujeto elige libremente cualquier camino para definir ese proyecto original que es el deseo de ser.

El hombre está condenado a ser libre, pero también se crea libremente los condicionamientos y los obstáculos cuando los proyectos previamente trazados son erróneos.

De la libertad derivan varias implicaciones, por ejemplo la responsabilidad, en donde el hombre es plenamente responsable del modo de ser que va adquiriendo a lo largo de su existencia. De alguna manera la libertad resulta incómoda, debido a que hay que saber que hacer con ella, por lo tanto será la causa de una gran angustia.

El existencialismo no cree en normas generales válidas para todos, no tiene un sentido de referencia o sea que el hombre bajo su responsabilidad debe crear sus propias normas. Cuando realiza una elección, tiene inseguridad de si es buena o mala, por lo tanto va acompañada de angustia.

Puede suceder que ante este miedo a la angustia que produce una elección, tratan de engañarse a sí mismo depositando la responsabilidad sobre algo ajeno, ya sea Dios, el ambiente o la herencia; a ésto Sartre lo denomina la mala fe y un ejemplo que da para ilustrar a este concepto es el siguiente: "Una muchacha está sentada con un hombre, ella sabe bien que él desearía seducirla. Pero cuando él le toma la mano, ella intenta evitar la decisión de aceptarla o rechazarla, pretendiendo no darse cuenta deja la mano como si no fue consciente de la situación. Pretende ser un objeto pasivo y no un ser consciente de que es libre y la responsabilidad queda depositada sobre el otro".

Frente a la mala fe, Sartre propone la autenticidad como guía de conducta y consiste en aceptar a la libertad, la angustia y la responsabilidad.

Pero Sartre irá más allá, diciendo que el hombre es un ser absurdo ya que ni el nacer ni el morir tienen sentido. El absurdo de la existencia produce el sentimiento de náusea, sentimiento que se experimenta hacia lo real cuando el hombre toma conciencia de que es absurdo.

A partir de 1949, Sartre intenta revisar el pensamiento marxista enriqueciéndolo con su filosofía existencialista, comenzando la tercera etapa de su producción.

En Crítica de la Razón Dialéctica (1960), representa un gran esfuerzo para alcanzar la síntesis de las dos concepciones. Hay un pasaje del protagonismo del para sí al protagonismo que asume el movimiento dialéctico de la historia y la acción concertada del grupo para trascender una determinada situación política.

La idea de "escritor comprometido" está localizada en la historia: va de Voltaire a Sartre, pasando por Zola. La literatura sartreana es una forma de expresión del compromiso del escritor con el mundo. Al contrario de otros escritores que consideran como única función suya hacer la mejor literatura posible, escritores para quienes el hecho de escribir es ya en sí mismo un compromiso, que piensan que la moral nada tiene que ver con la literatura. Estos escritores no pueden sin embargo llamarse "intelectuales", ya que el intelectual “es alguien que cree en los valores. O alguien que se quiere, que se pretende el intercesor ideal entre esos valores y la comunidad. O bien alguien que a veces deja de escribir para dedicarse en la práctica a este esfuerzo de intercesión". Hay una manera de decir todo esto de golpe, y es la de Gide cuando se maravillaba de ver a alguien situar "algo por encima de la literatura”.

1 comentario:

Elman Lopez dijo...

Lo mejor de Sartre: "El hombre está condenado en cada instante de su vida a la absoluta libertad de renovarse"